El cuarto de final entre Argentina y Suiza ya no se explica solo por la persecución de Lionel Messi de otra semifinal mundialista. También se ha convertido en una prueba para la capacidad de la FIFA de apagar la polémica arbitral que dejó el 3-2 argentino ante Egipto.
El asunto se volvió una de las búsquedas fuertes del 9 de julio después de que la federación egipcia y miembros de su selección cuestionaran decisiones clave del VAR en octavos. La jugada más discutida fue un gol egipcio anulado, dentro de una queja más amplia sobre un supuesto trato favorable a Argentina. La respuesta de la FIFA, encabezada públicamente por Pierluigi Collina, fue defender la independencia de los árbitros y advertir que las acusaciones sin pruebas exponen a los colegiados y a sus familias.
El contexto deportivo también es delicado. Argentina sobrevivió a Egipto por 3-2, con reportes que atribuyeron los goles a Cristian Romero, Messi y Enzo Fernandez, mientras el empuje egipcio del tramo final convirtió los últimos minutos en uno de los cierres más discutidos del torneo. Argentina avanzó, pero el debate siguió vivo.
Eso pesa antes de medirse con Suiza porque el equipo europeo tiene justo el perfil que puede mantener al árbitro bajo examen permanente: bloque compacto, posesión paciente, disciplina en el final y comodidad en marcadores mínimos. Suiza llegó a cuartos tras un 0-0 y una victoria por 4-3 en penales ante Colombia, por lo que gestión del partido, descuentos, tarjetas y revisiones forman parte esencial del análisis.
Las cifras que circulan alrededor de la controversia aumentaron la atención. Un informe señaló que Argentina recibió solo tres amarillas pese a cometer 59 faltas, una media cercana a una tarjeta cada 19,6 infracciones. El dato no demuestra favoritismo, pero sí explica por qué parte del público ha pasado de la previa táctica a preguntarse cómo se medirán los contactos, las faltas tácticas y las acciones dentro del área.
Para Argentina, el riesgo es emocional además de futbolístico. El equipo de Messi ya juega con la carga de defender el título de 2022 y de movilizar multitudes en sedes norteamericanas. Ahora el grupo de Lionel Scaloni debe evitar que el ruido arbitral altere su ritmo, sobre todo frente a una Suiza que aceptará un partido lento, cerrado y mentalmente incómodo.
Para la FIFA, los cuartos son una ventana de credibilidad. El formato de 48 selecciones ha traído más eliminatorias, más intervenciones del VAR y más federaciones afectadas por decisiones muy finas. El mensaje de Collina buscó proteger a los árbitros, pero el siguiente examen es operativo: comunicación clara, umbrales consistentes y decisiones que jugadores y espectadores puedan entender al instante.
El calendario eleva la tensión. Los cuartos se disputan del 9 al 11 de julio, con Argentina-Suiza junto a Francia-Marruecos, España-Bélgica y Noruega-Inglaterra en un cuadro lleno de estrellas. En esta etapa, una tarjeta, una línea de fuera de juego o una revisión larga puede modificar la semifinal y el clima público del Mundial.
El mejor escenario sería que el partido volviera al fútbol: Messi y Argentina buscando espacios entre líneas, Suiza intentando llevar a la campeona a un duelo de pocos eventos, y el equipo arbitral pasando casi inadvertido. Tras la polémica contra Egipto, tal vez esa invisibilidad ya no sea posible. Control, coherencia y serenidad también forman parte de la previa.